Últimamente parece que todo se puede resolver con inteligencia artificial (IA). Y en parte es cierto; la IA puede ayudar a clasificar, predecir, detectar anomalías o resumir información con una eficiencia impresionante. Sin embargo, hay una cuestión que casi nunca sale en los titulares: la IA no corrige datos deficientes; al contrario, generalmente los amplifica.

Si el dato es el combustible, la calidad del dato es el aceite que lubrica el motor y evita que falle. En el ámbito de la investigación biomédica, biobancos, laboratorios y animalarios, esto tiene implicaciones críticas. Un dato incorrecto o incompleto puede traducirse en decisiones equivocadas, pérdidas de trazabilidad, repeticiones de trabajo o conclusiones científicas poco fiables.

Si la IA se nutre de ese “ruido”, puede generar resultados aparentemente convincentes, pero profundamente erróneos. NorayBio diseña sus soluciones precisamente para garantizar esta trazabilidad y control: desde la gestión integral de animalarios con AniBio, hasta muestras con NorayBanks o procesos de comités éticos gracias a NorayDocs.

¿Qué es la calidad del dato en la práctica?

No se trata de acumular muchos datos ni de organizarlos en hojas de cálculo. La calidad implica que cada dato cumpla unos estándares mínimos cuando se utilice para tomar decisiones o realizar un análisis.

Por tanto, los pilares fundamentales para un dato de calidad serían:

  • Exactitud. ¿Refleja la realidad?
  • Completitud. ¿Incluye todos los campos esenciales?
  • Consistencia. ¿Es coherente con el resto de la información?
  • Unicidad. ¿Evita duplicados?
  • Puntualidad. ¿Está disponible cuando lo necesito?
  • Linaje. ¿Se conoce su origen, modificaciones y responsables?

En nuestro sector, el linaje no debería ser un nice to have no esencial: distingue la confianza absoluta de la duda permanente.

El riesgo: cuando la IA se pone a “adivinar”

La IA destaca encontrando patrones, pero si este está contaminado, puede cometer diferentes errores:

  • Duplicados. Una muestra registrada dos veces parece “dos eventos”, y la IA aprende que ocurre más veces de lo que es real.
  • Campos vacíos. La IA rellena huecos “a ojo” (por probabilidad). A veces acierta, a veces inventa.
  • Inconsistencias. Si el mismo concepto aparece con nombres distintos, la IA cree que son cosas diferentes.
  • Errores sistemáticos. Si un equipo o un proceso genera un sesgo, la IA lo normaliza y lo reproduce.

El resultado son informes pulidos y predicciones “seguras” sobre cimientos inestables. Como dice la frase: si entra basura, sale basura, y la IA solo acelera el proceso.

¿Por qué importa más que nunca?

Antes, un dato malo afectaba a una consulta, a un informe o a una decisión puntual.

Hoy, con IA:

  • Se reutiliza todo. Un mismo dato alimenta modelos, cuadros de mando, automatizaciones y auditorías.
  • Se escala el impacto. Un error pequeño se replica en mil salidas.
  • Se pierde el “olfato”. Cuando una «máquina» lo dice con seguridad, tendemos a creerlo más.

Por ello, si tu organización quiere utilizar la inteligencia artificial, estos son los tres pasos a seguir: Calidad del dato, Gobernanza, IA (con sentido).

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➡️ Prácticas concretas para asegurar la calidad del dato, métricas clave y cómo la cultura de las organizaciones marca la diferencia.